Algunas diferencias

Diferencia#14: Los baños alemanes

Trasladarse a otro país supone cambiar tu forma de vida. Hay que reaprender cosas, modificar las rutinas y, sobre todo, tener el modo adaptación siempre activado. Pero no tiene por qué ser algo negativo. Desde que me trasladé a Alemania disfruto descubriendo pequeñas diferencias que nadie me había contado. Esta vez, los baños en Alemania.

Hay quien dice que, cuando se viaja, una de las cosas a las que más cuesta acostumbrarse es al baño. Cuando te mudas ocurre lo mismo. Y no sólo por la disposición de los elementos, la existencia o no de vidé y el tiempo de espera hasta que llega el agua caliente. También por el cambio de váter.

Nada más venir a Münster me di cuenta de que mi estatura no se adaptaba a la media. Nunca me he considerado una persona bajita (mido 1,63) sin embargo, al utilizar una taza del váter en Alemania sentí algo extraño. En la primera casa en la que viví, mis pies no se apoyaban por completo en el suelo mientras la usaba. Tampoco es que tenga una ardua experiencia en probar urinarios alemanes pero lo cierto es que, la mayoría de ellos, suelen estar bastante altos. De hecho, cuando he regresado a casa para ver a la familia, me he llevado algún que otro pequeño susto por no calcular bien la distancia y, pensando que habría menos espacio, aterrizar de golpe con mis posaderas.

Pero hay más. Los váteres alemanes tienen la cadena empotrada en la pared. De esta forma, se aprovecha para hacer una pequeña repisa en la que se suelen colocar adornos o el papel higiénico. Depende de los gustos de cada uno. Además, la mayoría de ellos no tienen el típico pie de porcelana si no que están anclados a la misma pared en la que está la cisterna y no hay bote sifónico en el suelo. O yo no he sido capaz de encontrarlo. Por el momento no hemos tenido ningún problema con el funcionamiento y espero no tenerlo porque desconozco cómo se repararan este tipo de váteres en caso de avería.

El lavabo es otro de los elementos que también tiene pequeñas diferencias. Aunque más que el lavabo, diría que son los muebles que hay para colocar debajo. Si tenemos un lavabo cuadrado, se puede poner un mueble que integre ambos elementos o colocar uno sobre otro. No ocurre lo mismo con los clásicos. Para este tipo de modelos la mayoría de muebles no se pueden unir (salvo que se encarguen a medida) y, de hecho, dejan bastante espacio entre el lavabo y el mueble. Por eso, antes de comprar, hay que prestar atención a otro detalle que no recordaba haber tenido presente cuando vivía en España: La llave del agua. Suele ser bastante grande e impide pegar totalmente el mueble a la pared así que, comprarlo sin una parte trasera o hacerle un agujero para que entre. Si no, buscar una opción con poca profundidad puede ser una alternativa para que la parte que sobresalga sea la menor posible. Este tipo hacen que, de nuevo, se tenga un lugar donde dejar el peine, revistas, el papel higiénico o algún pequeño adorno.

Además, tanto en los lavabos como en las bañeras (o duchas) es común encontrar un tipo de desagües sin tapón. Es una especia de tapadera que sólo se ajusta girando una rueda o tirando de una pequeña varilla. Es cierto que creo que sea algo made in Germany, pero hasta ahora, lo había visto sobre todo en hoteles y me parece curioso tenerlo en casa.

Para terminar, también me he fiado en que muchos baños alemanes no tienen ventanas. Suelen tener unas rejillas cuadradas en el techo, la bañera o en ambos, que funcionan como extractores. No se deben cubrir y hay que revisar que están abiertas. Aún así, después de una buena ducha está bien abrir la puerta de par en par para que la humedad se disipe y se renueve el aire.

Por supuesto, siempre hay excepciones así que, si tu baño alemán es diferente o me he olvidado algo, no dudes en contármelo en tus comentarios 🙂

Imagen de cabecera obtenida en Freepik.

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